Desde la universidad de teología

Luis González Carvajal

Teólogo y escritor


Toño Casado ha querido conocer la opinión de algún teólogo sobre «33» y —aunque temo ser poco adecuado para hacerlo por mi mal oído— lo hago muy gustosamente porque disfruté mucho durante el estreno del musical en el teatro «El Recuerdo» aquel 29 de diciembre de 2013, y sigo disfrutando cuando escucho la música o veo la grabación de aquel día.

Ya desde el comienzo —cuando, tras la muerte de Jesús, María Magdalena (María Virumbrales) y Juan (Gonzalo Campos) cantan su dolor y su miedo en la estación de Jerusalén, vigilada por unos soldados con metralletas, mientras esperan un tren que les lleve a cualquier parte— comprendemos que «33», a diferencia de «Jesucristo Superstar», no pretende trasladarnos al tiempo de Jesús, sino que va a traer a Jesús a nuestro tiempo. ¡Y qué bien lo consigue!

NO ME EXTRAÑARÍA NADA QUE AQUELLOS A QUIENES IRRITE «33» SEAN LOS MISMOS A QUIENES IRRITA EL PAPA FRANCISCO

El conjunto del musical se caracteriza por un aire joven y alegre, porque Toño sabe perfectamente que «el vino nuevo requiere odres nuevos» (Lc 5, 38). No estaba muy descaminado el Zaratustra de Nietzsche cuando dijo que él sólo podría creer «en un dios que supiese bailar». Por eso en «33» todos bailan y, sobre todo, cantan.

La obra tiene mucho sentido del humor. Supongo que incluso «el que habita en el cielo sonríe» (Sal 2, 4) cuando Caifás (Guillermo Sabariegos) canta eso de «La religión es una cosa muy, muy seria / y sus ministros lo debemos recordar. / Muy calladitos pórtense bien en la iglesia. / Cumplan las normas (…) / No hay que pensar en sexo: no toques tus “cositas”»…

Pero cada cosa a su tiempo. Moltmann, en su magnífico libro sobre la importancia de la alegría y el juego en la vida cristiana, decía que el Viernes Santo debe quedar fuera de la alegría y el juego. También en ese momento «33» adopta un tono patético cuando María, al pie de la cruz, canta «mira qué te han hecho, qué te han hecho, qué te han hecho…». Inmerso en el clima creado por el musical, yo sentí un escalofrío oyéndoselo cantar a Beatriz Zaurín.

Con todo lo anterior no pretendo decir que «33» gustará a todo el mundo. Al contrario: sospecho que escandalizará a algunos, pero así debe ser porque Jesús fue «piedra de tropiezo y roca de escándalo» (Rom 9, 33; 1 Pe 2, 8). No me extrañaría nada que aquellos a quienes irrite «33» sean los mismos a quienes irrita el Papa Francisco.

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