Lo que dicen los espectadores


“33 es el mejor musical sobre la vida de Jesucristo para el hombre del Siglo XXI”
Antonio Rodríguez



“Me entusiasmó 33. Me emocionó y me llegó muy dentro. Deseando ver de nuevo esa gran obra.”
Carmina Aranzamendi



“Just amazing. I´m waiting for seeing it again”
Carol Alonso



Quedé conmovido y perturbado, la representación que disfruté es la mejor que he visto en mi vida, me gusta el género y he visto funciones incluso en Broadway, nada que se pueda comparar con 33 EL MUSICAL. Pero no se queda sólo en el espectáculo, va más allá, es un mensaje.

El espectador va entrando en un trance, en una comunión con los artistas. Y no es que yo estuviera predispuesto a dejarme llevar, al contrario, ocupé escéptico mi butaca -abrumado eso sí por aquél majestuoso recinto-, pero desde el minuto uno me transportó. 

El mensaje no es otro que el primigenio mensaje de Jesús, el puro mensaje inicial de alcanzar la libertad a través del amor. Salí de allí dispuesto a ser mejor, a divulgar aquél mensaje de amor. Encontré un amigo en el pub que 33 EL MUSICAL ha instalado a la entrada del recinto, que me dijo nada más verme:  -He decidido ser mejor. –Entonces…no sólo a mí me ha perturbado.



Unas advertencias iniciales: ni soy músico, ni tengo conocimientos de teatro, ni soy periodista. Así que lo que vais a leer no es una crítica, sino la humilde opinión de una católica “practicante” (sea lo que sea eso), parroquiana, que tiene la suerte de tener amigos sacerdotes y monjas, y apasionada por la música cristiana desde pequeña. Nada más. 

Compramos las entradas un poco preocupados porque habíamos leído opiniones enfrentadas acerca de la obra (he leído críticas con titulares del tipo “obra no apta para católicos”): que si es “poco religiosa”, que si es “teatro para católicos y nada más”, que si “el guion es poco respetuoso con el mensaje de Cristo”, que si “se mete muchísimo con los curas”, que si “tampoco es para tanto”. Así que mi marido y yo decidimos ir a verla para tener nuestra propia opinión. Os animo a hacer lo mismo.

Y, ¿qué queréis que os diga? Que me fascinó. La obra es un regalo para los oídos y para el corazón. Seas o no creyente, es una obra en la que se disfruta si se va con ganas de eso precisamente: de disfrutar. De pasarlo bien con una música estupenda, con una interpretación magnífica y con una historia que, por sabida, no deja de ser apasionante. 

Si vas con el ceño fruncido, a la defensiva (ya sea en un sentido o en otro, bien como ateo lleno de prejuicios al que su novia o sus padres le “obligan” a ir a ver tremenda mojigatería, bien como católico preocupado y autoerigido en defensor de la doctrina, que va a revisar línea a línea el guion), no vas a disfrutar. Y yo te digo: cierra el paraguas, deja que la obra te empape: Ve, y disfruta: de una música fantástica, de una interpretación maravillosa, y de un mensaje UNIVERSAL (es decir: para TODOS) que se resume que en el la frase de Juan 15, 12: amaos unos a otros como yo os he amado. Ya solo por eso merece la pena dedicarle tres horas de tu vida y unos eurillos a este proyecto.

Cosas maravillosas: hay actuaciones corales absolutamente impresionantes, canciones que te hacen llorar, personajes que transmiten emoción por cada uno de sus poros y la puesta en escena de la crucifixión es una obra de arte en sí misma. Calidad musical e interpretativa a raudales.

Apuntes concretos para católicos: Las referencias doctrinales son correctas (quizá puedan carecer de profundidad, pero esto no es un auto sacramental sino una obra musical que quiere llegar a creyentes y no creyentes, y creo que hay que verla desde esa perspectiva, no estás en el salón de actos del Seminario o de tu parroquia), Jesús se presenta como Hijo de Dios, dice que El Espíritu De Dios está sobre El varias veces, su relación con su madre es preciosa y se representan tanto la institución de la Eucaristía como del Sacerdocio. Mención especial, aparte de Jesús, la figura de María, que llena la escena y el corazón del que la escucha cada vez que abre la boca.

Cosas “no tan buenas”: la figura de los sumos sacerdotes sirve en el guion para repetir los tópicos, lo que podríamos llamar “los males de la Iglesia”. Se repiten con tono burlesco frases muy oídas, que sin duda cansan a quien conoce a los maravillosos sacerdotes que tiene la Iglesia. Y puede llegar a molestar, y mucho, sin duda ninguna. Escuece porque puede entenderse como una generalización, como una crueldad “innecesaria” en una obra que de otra forma podría ser “redonda”. Por supuesto, hay quien puede considerarlo motivo para no ir a verla... pero yo recomiendo muchísimo considerarlo una “autocrítica”, o simplemente prestar menos atención a esas escenas

A los sacerdotes, que me consta que estáis preocupados por esto, humildemente os digo: no olvidéis que vosotros NO sois miembros del Sanedrín, sino Discípulos. Centraos en eso, y, si os gusta la música, no os privéis de ver la interpretación de un Jesús que “arma lío” en una Jerusalén devastada por la falta de amor y por el sufrimiento.

En conclusión: El mundo necesita obras como ésta. Que hablen del amor, de la justicia, de la entrega a los demás y del perdón (sublime la figura de Judas y cómo se representan tanto el perdón de Jesús como el de María), que son mensajes universales de los que la gente no está acostumbrada a oír hablar. Y por supuesto, de obras que presenten la figura de Cristo, el personaje más cautivador e impresionante de la historia, a aquellos que no lo conocen y que muy posiblemente no se van a acercar a una iglesia a buscarlo Por mi parte, ya estoy mirando entradas para volver a disfrutarla.



Hoy a la salida de la segunda función en la puerta había una chica a la q no conocía de nada y no paraba de llorar a mares. Ya en la calle me dijo llevaba llorando toda la función, que era la segunda vez que venía porque el mensaje está muy claro y que es muy necesario. Me he ido a casa con una reconfortante sensación de felicidad. Creo que eso es 33 y que está cumpliendo la misión.



Mucha emoción, un elenco fabuloso y unas canciones realmente buenas



¡No hay palabras! Los pelos de punta, ¡cuánto sentimiento puesto en escena y transmitido al público! Volvería a verlo 1 y 10 veces. ¡Gracias por hacer lo que hacéis!  



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